La fobia escolar en niños y adolescentes

Para hablar de fobia escolar primero veamos con cuánta frecuencia en una familia se pueden escuchar frases del tipo:

“A mi hija no le gusta el colegio”

“Tengo que llamar mil veces a mi hijo para que se despierte y vaya al instituto”

“Todas las mañanas se forma una guerra para ir a la escuela”

“Mi hijo me dice que le duele la cabeza para no levantarse por la mañana” 

En estas circunstancias, podríamos preguntarnos hasta qué punto se considera algo normal y evolutivo o realmente debe preocuparnos.

Es imprescindible conocer si su hijo está experimentando un fuerte malestar emocional (mayor tristeza, irritabilidad, ansiedad) que perjudica a su funcionamiento normal cotidiano; si sus esfuerzos por evitar el contexto escolar se hacen cada vez más intensos o si refiere dolores corporales de forma constante.

Como al principio se comentaba, puede ser habitual que exista en nuestros/as hijos/as cierta desgana a levantarse temprano, a organizar la mochila, dificultad para negociar la ropa que va a utilizar ese día… en definitiva, a todo lo que tenga que ver con el contexto escolar porque, como personas que son, buscan el placer, el disfrute y el ocio. Sin embargo, no es normal que tanto los/as niños/as como los/as adolescentes sufran por el hecho de acudir a la escuela o instituto. No deben sentir miedo o fobia ante el hecho de que se acerque el momento. Por ejemplo, el malestar que sienten se ve aumentado:

  1. Durante las horas previas a entrar al centro educativo.
  2. Durante las noches, al recordar lo que va a suceder cuando se levanten.
  3. Después de periodos de vacaciones o descanso, como los fines de semana. De hecho, el domingo suele ser un día complicado en este sentido, al igual que el lunes por la mañana.

fobia escolarCon lo que ya sabemos entonces, ¿Qué es la fobia escolar?

En pocas palabras, la fobia escolar se caracteriza fundamentalmente por un rechazo a acudir al colegio o instituto.

Como cualquier fobia, la evitación es un aspecto clave en todo esto. La persona que lo sufre, hará todo lo posible para no enfrentarse al estímulo que tanto teme debido a que supone un gran peligro para su bienestar. Se experimenta una ansiedad o miedo intenso, lo que provoca ausencias de incluso semanas o meses. Es uno de los trastornos infanto-juveniles más incapacitantes por su afectación en distintos ámbitos del alumnado. Estos ámbitos son:

Ámbito académico

Podría producirse un retraso en los contenidos teórico-prácticos, lo que puede provocar fracaso escolar.

Ámbito social

Se trata del sentimiento al sentirse desplazado/a, de no pertenencia al grupo, lo que conllevaría aislamiento, insatisfacción y soledad. Por otro lado, se reducen las oportunidades de aprendizaje en cuanto a habilidades sociales; si la inasistencia se prolonga en el tiempo, las habilidades adquiridas no podrán ser afianzadas y existirá un obstáculo importante para aprender y poner en marcha las siguientes. Con lo que determinará, en parte, su vida social en un futuro.

Ámbito personal

La autoestima y el autoconcepto pueden verse afectados haciendo que disminuyan. Al igual que podría darse un estado de ánimo depresivo e irritable. Así pues, es común que aumenten los pensamientos negativos hacia sí mismo/a, hacia el mundo y el futuro.

Ámbito familiar

Es lógico pensar que esta situación no es agradable para ninguna de las personas que componen la familia. Es evidente que existe sufrimiento en los progenitores, e incluso en los hermanos. Se suceden mayores discusiones, ataques de ira, frustración y desesperación.

¿Qué provoca este tipo específico de fobia?

La evidencia científica refiere que la aparición de la fobia escolar se asocia a acontecimientos vitales estresantes como el cambio de domicilio y de escuela, al fracaso académico, a la pérdida de un ser querido, al divorcio o separación de la familia, al padecimiento de una enfermedad que les hace ausentarse por un tiempo, e incluso debido a situaciones de acoso escolar o bullying.

fobia escolar

¿Cómo se manifiesta?

Se pueden producir reacciones somáticas a consecuencia de la ansiedad, como son el dolor de cabeza, los dolores gastrointestinales, náuseas, vómitos, diarrea, malestar físico y muscular, en general. Además, pueden darse problemas para comer, para dormir o mantener el sueño y de incontinencia urinaria, también conocida como enuresis. Como al principio se comentó, los síntomas varían en intensidad a lo largo del día; existen momentos en los que la gran mayoría desaparece para luego reaparecer en horas o momentos cercanos al estímulo temido.

El comienzo puede ser gradual o brusco. El primer caso suele darse más frecuentemente en adolescentes, donde se empieza con protestas de poca intensidad sobre la asistencia al instituto, faltas esporádicas desencadenando finalmente en una negativa total a acudir al centro educativo. El segundo caso es más frecuente en niños/as pequeños/as y la negativa aparece de forma brusca sin que exista sintomatología previa.

Un aspecto importante a tener en cuenta en el diagnóstico es saber diferenciar entre fobia escolar y ansiedad por separación, a veces pueden darse de forma combinada en una misma persona. La ansiedad por separación se define como el miedo intenso al alejamiento de las figuras de apego, en este caso los padres, en cualquier situación que provoque esa separación, además de darse en el colegio o instituto tendría que darse en otras circunstancias. En ocasiones, el trastorno de fobia escolar se asocia con otros trastornos de ansiedad como la agorafobia, la ansiedad generalizada u otros trastornos depresivos.

¿Cómo es la intervención en fobia escolar?

La intervención psicológica abarca no solo al niño/a o adolescente, sino que también incluye a la familia y al profesorado pertinente. Es necesario conocer y explicar cómo se mantiene y se agrava el problema, saber qué recursos se están utilizando y no están funcionando, dotar a la familia de las herramientas suficientes para enfrentar esta situación, entre otras cosas.

Con respecto a la intervención infanto-juvenil, se capacitará con las estrategias necesarias para mejorar la regulación emocional negativa, requisito decisivo para posteriormente exponerse de forma progresiva al estímulo temido. Para ello, el/la psicólogo/a se adaptará al nivel intelectual y de comprensión del menor. Por supuesto, este/a profesional servirá de modelo y se practicarán las situaciones temidas. En algunos casos es crucial trabajar, asimismo, la autoestima, mejorar en habilidades sociales, fomentar la comunicación asertiva etc. para conseguir un mayor bienestar y calidad de vida.

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