¿Cómo se deben Comunicar los Errores y las Críticas?

Los errores son parte de nuestra vida, los cometemos a diario, y nadie está a salvo. Al contrario de lo que solemos pensar, los errores son educativos ya que son señales inequívocas de que la persona está aprendiendo algo nuevo o generalizando a una situación nueva algo que ya sabía.

Sin embargo, en nuestro día a día es habitual escuchar comentarios del tipo ‘eres tonto’, ‘eres un inútil’ ‘eres muy pesado”… ¿Qué estamos criticando, el error o a la persona?.

comunicar-errores-psicologos malagaPor ejemplo, si analizamos la frase ‘eres un maleducado’ ésta comienza con la palabra ‘eres (tú)’, por lo que la persona escucha que ‘(él) es’ un maleducado. Para poder decir tal afirmación la persona debería comportarse de forma maleducada siempre, y no debería ser juzgada por un hecho concreto y/o aislado.

Puede que en nuestro lenguaje sea común decir comentarios de este tipo sin la intención de juzgar a la persona, en condiciones normales se puede sobreentender qué es lo que queremos transmitir a modo de burla o broma. Sin embargo, no a todo el mundo, ni en todo momento, le puede parecer bien escuchar algo así, debemos cuidar las formas para que no se malinterprete nuestro mensaje e hiramos a la otra persona.

Cuando alguien escucha durante años “eres tonto, retrasado, mentiroso, inútil, vago…” acaba creyéndolo realmente, puede llegar a pensar que es una característica personal suya y empezar a comportarse de forma consecuente con lo que él piensa que es un aspecto propio. Recordemos que los actos son modificables, cambiar a las personas es algo mucho más complejo. Si la persona sabe cuál ha sido el error concreto puede poner en marcha otro modo de actuar diferente.

Por tanto, ¿Cuál es la mejor forma de comunicarle a alguien un error, sin ofenderlo ni herirlo?

En primer lugar, es necesario tomar conciencia de que lo que hay que juzgar es el hecho y no a la persona, y que sólo si lo haces de éste modo la persona entenderá tú mensaje: qué es lo que te ha molestado o lo que no ves bien para poder ponerle solución. Ejemplo: “me molesta que siempre me digas lo que tengo que hacer” en lugar de “eres un pesado”, “me parece que pasas mucho tiempo delante de la televisión” en lugar de “eres un vago”. Como se puede ver las afirmaciones ‘eres un pesado’ y ‘eres un vago’ son ambiguas y confusas, la persona puede no entender dónde se ha equivocado o qué es lo que le ha llevado a ser juzgada de ese modo.

En segundo lugar las afirmaciones que hagamos al comunicar el error deben hacerse de forma subjetiva. No es lo mismo decir ‘me parece que hoy no te estás comportando de forma adecuada’ a ‘eres malo’. En el primer caso, al decir ‘me parece que…’ ‘yo creo que…’ damos por hecho que es una percepción nuestra y que puede ser modificada si la conducta se sustituye  por una más adecuada. Sin embargo, al decir ‘eres malo’ damos a pensar que es una percepción generalizada y que la persona va a tener que hacer grandes esfuerzos si tiene que demostrar a todo su contexto que él no es malo, pudiéndose agobiar y desistir del intento.

También es importante el mensaje que rodea a la crítica. Si sólo nos centramos en el error puede generar un rechazo en la persona y no querer escucharnos. Así mismo si solo escuchamos comentarios negativos, puede llegar a afectar a nuestra autoestima y la persona puede no tener suficiente seguridad en sí mismo para provocar el cambio.

Lo ideal es utilizar la técnica del sándwich. Esta consta de 3 fases: comentario positivo + comentario negativo + comentario positivo. Al final de la explicación se propondrá un ejemplo.

En la primera fase, el comentario positivo invita a la persona a escuchar sin crear un ambiente hostil o de rechazo. Puede ser un halago o un mensaje empático del tipo ‘entiendo que…” donde vamos a dar una muestra de comprensión hacia el error.

En la segunda fase introducimos el comentario negativo donde aparecerá el error por primera y última vez, recordando que debemos hacer alusión al acto en sí mismo y no a la persona, y hacerlo desde la subjetividad.

En tercera y a modo de cierre, volvemos a señalar un aspecto positivo de su comportamiento o bien lanzamos un mensaje positivo cargado de energía, confianza, motivación y fuerza para el cambio. Al terminar de esta forma la persona no se queda sólo con lo que ha hecho mal sino que ahora tiene la motivación necesaria para cambiar porque por ejemplo han confiado en él, lo han animado y le han sugerido cómo podría hacerlo.

Ejemplo: “Yo entiendo que no te guste compartir tus cosas, pero no está bien que le hayas pegado a un compañero porque quisiera jugar contigo, yo sé que podrías hacerlo de otra forma: puedes ignorarlo, decirle que no te apetece compartir ese juguete, pedirle algo tú a cambio para que él también comparta contigo…”

Algo de lo que no debemos olvidarnos tampoco es de elegir el mejor momento para hacer la crítica:

–        El mejor momento para el interlocutor: por ejemplo, es importante que la persona se encuentre sola al escucharla, pues podemos hacer que se sienta tan avergonzado por la situación que no preste atención al contenido de nuestro mensaje.

–        Y el mejor momento para nosotros: no se recomienda hacer una crítica cuando estamos molestos o enfadados pues es más complicado controlar ‘las formas’ en las que decimos mensaje. Lo ideal es esperar a estar nosotros tranquilos y serenos, y que de una forma pausada le hagamos entender qué es lo que ha ocurrido.

Es importante que aprendamos la mejor forma de educar a nuestros hijos, para que maduren  a través de una figura segura que les transmita confianza en sí mismos y que confíe en ellos. Las pautas aquí propuestas van muy enfocadas a la población infantil, sin embargo, éstas son también muy recomendables en todos los ámbitos de nuestra vida.

Por María Isabel Del Río López. Psicóloga en Psicólogos Málaga PsicoAbreu.

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