El Síndrome del Salvador

Existen personas que tienen tendencia a ejercer el rol de cuidador y ofrecer su ayuda incluso cuando no es requerida o incluso anteponer las necesidades ajenas a las suyas propias. Pueden llegar fácilmente a abandonarse a sí mismos y priorizar a los demás. Es precioso ayudar y dar lo mejor de nosotros a los demás, sobre todo cuando necesitan esa mano que tendemos, pero es igualmente necesario saber recibir y no perder ni tiempo ni energía dando tanto hasta el punto de quedarse vacío.  Es aquí cuando aparece el Síndrome del Salvador.

El 2021 ha sido un año de crecimiento para nosotros, y en gran parte gracias a vosotros. Ante la inminente llegada de las fiestas y fin de año, desde PsicoAbreu queremos desearos unas muy felices fiestas y, para ello, os envíamos nuestra Newsletter de felicitación del último mes de este 2021. ¡Gracias por todo y a seguir creciendo!

¿Cómo llegamos a este punto?

Generalmente, entablamos una relación en la que acabamos dando más de lo que recibimos; esperamos a que el otro cambie, alimentando nuestra esperanza y nos hacemos responsables de ese cambio. Inconscientemente, creemos que “yo le voy a ayudar a ser mejor” y “conmigo todo será diferente”, pero la realidad es otra muy distinta.

En el fondo, deseamos recibir algo a cambio o depositamos unas expectativas en las personas que cuando no se cumplen con el tiempo entramos en la decepción y devaluación.  No hay nada cien por cien altruista, incluso cuando ayudamos a los demás,  no solo buscamos la solidaridad, sino también el confort y satisfacción de una tarea bien realizada o socialmente valorada.

Síndrome del Salvador

miedo al abandono

Nos referimos al síndrome del salvador o salvadora para hablar de una tendencia a necesitar sentirse necesitado. Esto no quiere decir que se trate de un trastorno recogido en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales (DSM-5). Simplemente es una condición en la que las personas que lo experimentan, buscan vínculos con otras personas que estén “peor” que ellas mismas.  Es decir, personas que necesiten el apoyo, ser salvadas o rescatadas de algo o alguien (de otra persona, de una institución o de una situación personal concreta).

El salvador o salvadora suele verse involucrado en relaciones de sacrificio, a veces con personas que conllevan cargas emocionales previas. La creencia distorsionada sería algo así como “si estoy siempre ahí para ayudarle, me amará”, “quiero que me necesite para que me tenga en cuenta”. Suele aparecer en personas que sufren miedo al abandono y requieren una alta aprobación social para sentirse bien. El inconveniente de darse tanto a los demás viene cuando la autoestima se vincula a la cantidad de cosas o sacrificios que hago por ellos y que espero que valoren, reconozcan y compensen de alguna manera.

Este síndrome se suele dar en personas con baja autoestima, que no saben decir NO, rasgos dependientes y/o necesidad de control. Así mismo, parece que está más presente en mujeres, en las cuales, tradicionalmente han estado más presentes las ideas románticas de las relaciones de pareja.

Consecuencias del síndrome del salvador

El alumno supera al maestro

Puede llegar a ser  muy perjudicial, no solo porque cuando ayudamos lo hacemos desde una posición de superioridad, que al principio puede ser aceptada y bien recibida, pero más adelante puede quedar algún resquemor o complejo en el que es ayudado, que luego querrá superar, lo que se traduce como que “el alumno supere al maestro”.

Ayudar se convierte en obligación

Otras veces puede ocurrir que demos la mano y nos tomen el brazo entero. Cada vez nos exijan más o ciertas ayudas puntuales se empiecen a ver como una obligación. Se da por sentado que eso es lo que se espera de ti y acaba perdiendo el valor que verdaderamente tiene. De tal manera que cuando cedamos en todo seremos maravillosos pero cuando pongamos límites, seremos perversos ante los ojos ajenos. El que siempre ayuda a veces también necesita ser ayudado.

Interrumpir el desarrollo personal

Toda ayuda innecesaria podría convertir al otro en un individuo dependiente y suponer un obstáculo para su desarrollo personal ya que, como espera esa ayuda, no pondrá los medios para encontrar soluciones por sí mismo. Esto desemboca en el cansancio y frustración del que ayuda; la ayuda que proporcionaba ya no solo no tiene el mismo valor sino que además se ha vuelto una costumbre.

¿Cómo puedo gestionar mi síndrome del salvador?

Siempre hay que guardar para uno mismo. Estamos de acuerdo en que cada uno ofrece lo que puede o quiere, pero cuando vemos que los cuidados, intereses y las atenciones no son mutuas y hemos comunicado nuestras necesidades… ¿Por qué seguimos ahí? La mejor manera de ayudar a otros es facilitar que puedan ayudarse a sí mismos en un futuro para establecer relaciones sanas con individuos independientes. No es tu deber ser el terapeuta o la ONG de tu familia, amigos o pareja.

En los problemas ajenos podemos acompañar, apoyar, motivar y animar a la persona que los tiene, pero tomando distancia física y emocional, pues no es nuestro deber resolverlos. No practiquemos la empatía patológica. Hay personas que romantizan la idea de acudir a terapia y ven a su terapeuta como su salvador o salvadora. Os contaré un secreto: sanar es doloroso, pero necesario. Un buen terapeuta jamás te hará depender de él; hay cosas que no puede arreglar, respuestas que solo tienes tú y decisiones que debes tomar tú. Pero una cosa es segura, te hará pensar para que tú seas tu mejor ayudante y te des cuenta de que tú eres lo mejor que te ha pasado. Los príncipes azules, no existen.

sindrome del salvador

Erich Fromm decía “Si un individuo solo sabe amar a los demás, entonces no sabe amar en absoluto”. Empecemos por amarnos a nosotros mismos, al fin y al cabo somos el único ser con quien pasaremos el resto de nuestras vidas. Es mejor hacer las paces y recordar que cuidar de ti no es egoísmo; mientras más sano esté el árbol mejor fruta dará.

Si has hecho clic en este artículo, no es casualidad. Si te has sentido identificado con el síndrome del salvador  y quieres indagar más y saber cómo frenarlo, no dudes en ponerte en contacto con nuestros profesionales.

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