Reacciones de bloqueo mental y corporal

Imagina que estás andando tranquilamente dentro de un centro comercial. Mientras caminas, se van sucediendo en tu mente pensamientos relacionados con las tareas que tienes que realizar y algún recuerdo asociado; nada especial, parece un día normal. De repente, una desagradable alarma de incendios se activa y el sonido estridente junto con las luces de emergencia te alertan. “¿Dónde está el fuego?“,”¿hacia dónde voy?“, “¿qué hago ahora mismo?” Son pensamientos que transcurren dentro de ti y que pueden acarrear dos tipos de situaciones: te activas y buscas una solución (salida de emergencia) o comienzan las reacciones de bloqueo mental y corporal.

salida de emergencia

Este artículo expone los motivos de las reacciones corporales extremas que se activan ante ciertas situaciones. Aquellas que aunque nuestra mente no las identifique como amenazadoras, nuestro cuerpo reacciona en forma de bloqueo.

Reacciones de bloqueo mental y corporal

Supongamos que ese sistema de alarma del que hemos hablado anteriormente es tu mente. Está tratando de avisarte de algo lanzándote todo tipo de señales corporales: temblor, presión en el pecho, dolor de estómago, sudor… Esas sensaciones y reacciones de bloqueo mental y corporal recorren tu cuerpo sin saber el motivo, por lo que empiezas a buscar “un fuego” que pueda explicar el porqué de la alarma. Buscas y buscas, pero no consigues encontrar el foco.

¿Alguna vez has sentido que tu cuerpo te ha impedido hacer algo sin entender porqué? ¿En algún momento de tu vida has vivido cómo tu cuerpo activa esa alarma de incendios sin detectar conscientemente el fuego?

Ese tipo de “peligro” no es resultado de una situación peligrosa para nuestra integridad física, sino más bien de miedos adquiridos a raíz de experiencias de carácter traumático. En otras palabras, miedo a revivir situaciones que nos conecten con experiencias donde hemos experimentado sensación real o imaginaria de abandono o rechazo por parte de personas significativas (familiares, pareja o amigos íntimos). Al fin y al cabo, nuestro cuerpo contiene información no sólo de nuestra historia personal, sino del recorrido de nuestra evolución como especie. Así, percibe ese rechazo o abandono de nuestras personas queridas como detonantes que ponen en peligro la seguridad de formar parte de su grupo de pertenencia.

Y si algo sabe nuestro cuerpo a lo largo de su evolución, es que la probabilidad de supervivencia y la pertenencia a un grupo están muy relacionados. En el reino animal, aquellos individuos que se separan del grupo y viven en soledad tienen menos probabilidades de llegar a la vida adulta y menos aún de dejar una descendencia tras de sí.

Experiencias mentales

Nuestra forma de percibir el mundo, relacionarnos con nuestro entorno y recordar los sucesos que nos ocurren es, por lo general, un proceso puramente mental. Además, a través de nuestros recuerdos podemos acceder a experiencias que marcaron nuestra forma actual de ser. Esta forma de percibir nuestro entorno, nos hace conectar más con nuestros pensamientos que con nuestras sensaciones corporales. Para bien o para mal, nos hemos desarrollado en una cultura donde aquello que pensamos y recordamos conscientemente tiene más valor y confiere más seguridad que aquello que sentimos.

Experiencias corporales

Pero… ¿Qué valor le damos a las sensaciones corporales que vivimos al recordar ciertos eventos? Teniendo en cuenta que esa sensación es provocada por experiencias previas y con repercusiones a la hora de recordarlas, deberíamos concederles una atención correspondiente a la intensidad de su afectación.

En el libro “El cuerpo lleva la cuenta” (Bessel Van der Kolk, 2020), se exponen diferentes casos de personas que, tras vivir ciertos accidentes traumáticos en el pasado, sufren severas manifestaciones corporales cuando quieren desempeñar ciertas tareas físicas en el presente. En esta obra se expone concretamente el caso de un excombatiente norteamericano. Tras volver de la Primera Guerra Mundial, era incapaz de pronunciar la letra “S”. Tras un intenso trabajo personal terapéutico y varias sesiones de hipnosis, se descubrió que el último sonido que escuchó antes de estallar la bomba que acabó con la vida de sus compañeros, fue el sonido de seseo de la bomba al caer.

Este suceso de origen traumático dejó graves secuelas no sólo a nivel psicológico, sino también corporal. Por suerte, la inmensa mayoría de nosotros no se expone a situaciones de una naturaleza tan devastadora; aún así, a lo largo de nuestra vida, nos exponemos a situaciones que pueden dejar una huella en nuestro cuerpo sin que nuestra mente conozca la causa ni recuerde su origen.

Hay que señalar que, aunque nuestra atención sea intermitente y cambie de foco constantemente, nuestro cuerpo y  mente nunca paran de registrar y percibir nuestro entorno como seguro o amenazante. Este proceso no se da de forma voluntaria ni necesariamente consciente.

reacciones de bloqueo mental y corporal

Consecuencias psicológicas y físicas a causa del trauma

Las secuelas psicológicas derivadas de un trauma y que represente una consecuencia física se pueden identificar por:

  1. Imágenes intrusivas

  2. Flashbacks

  3. Miedo irracional

  4. Pesadillas

  5. Hiperactivación ante situaciones similares al momento del accidente

Pero, ¿qué papel puede cumplir ese rechazo corporal a la exposición de estas situaciones en las que experimentamos abandono o rechazo social? La respuesta rebosa pragmatismo; asegurarse de que aquello que un día nos hizo sufrir no vuelva a ocurrir.

Si algo sabemos en este ámbito es que nuestro cuerpo y nuestra mente, a su manera, siempre tratan de defendernos.  Esta manera que utilizan, en ocasiones, parece que no es adaptativa. Por lo general, la mente percibe la seguridad de nuestro entorno y manda señales a nuestro cuerpo de activación o relajación.

Tras el suceso traumático

Después de un suceso traumático, la comunicación entre mente y cuerpo puede quedar deteriorada en situaciones similares a la traumática. De manera que nos encontramos ante una incongruencia; el cuerpo ha codificado y registrado esa experiencia de una forma y la mente de otra. A medida que estas situaciones se repiten, esa comunicación entre cuerpo y mente puede ser menos coherente, distanciándose y ampliando el espacio en posibles “malentendidos”.

La importancia de buscar el porqué de las reacciones de bloqueo mental y corporal

Para fomentar una integración y coherencia entre la comunicación del cuerpo con la mente, habría que reconocer en primer lugar con qué experiencia traumática concreta está relacionada esas reacciones de bloqueo mental y corporal. Reconocer y entender que aquello que ocurrió ya no sucede en la actualidad y  valorar que nuestro cuerpo en ese momento trató de defendernos de la mejor manera que supo de aquello que percibió como amenaza.

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Aunque causara malestar, hay que aceptar esa respuesta corporal, comprenderla desde una perspectiva crítica y fomentar una visión adulta. De esta forma, a lo largo de este proceso, cuerpo y mente podrán volver a reconocerse. Comunicarse de forma coherente e identificar las posibles amenazas relacionales que puedan surgir en el presente de la forma más adecuada posible.

Para conseguir identificar, tratar y eliminar de forma segura y permanente ese bloqueo mental o trauma que te lleva al bloqueo corporal es indispensable la ayuda de un profesional de la psicología; realizar estos últimos tres pasos es indispensable para poder continuar con tu día a día de una forma estable, natural y segura.