Gestión de los pensamientos durante el confinamiento por Coronavirus

Lo que sentimos y pensamos está relacionado con lo que hacemos. Puesto que en estos días, de confinamiento por la crisis del coronavirus, nuestras conductas se están viendo modificadas por las circunstancias  extraordinarias que nos ha tocado vivir, nuestros pensamientos y emociones también  están sufriendo cambios.

Nuestra salud emocional depende del equilibrio de tres pilares básicos, que son: las obligaciones (trabajo, estudio), las relaciones con los demás y el ocio y tiempo libre. En estos momentos, el equilibrio de estos pilares se está viendo alterado puesto que estamos privados de nuestras rutinas, muchas de las actividades que normalmente llevamos a cabo, y sobre todo, de las relaciones con los demás. Esto nos conduce a estados de ánimo bajos por estas ausencias de reforzadores. Además, a este estado anímico tenemos que sumar los efectos de estar expuestos continuamente a noticias sobre la enfermedad, número personas infectadas, número de muertes y desconocimiento sobre el virus.

Con esto podemos concluir que estamos en una situación de privación de reforzadores y, a su vez, de exposición continuada a estimulación aversiva, lo cual nos produce  emociones como tristeza, inquietud, impotencia, sensación de falta de control, incertidumbre, frustración, entre otras.

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¿Cómo han cambiado los pensamientos durante el confinamiento?

Ante todos estos cambios producidos en estos días de confinamiento nuestros pensamientos también han sufrido cambios. Hacemos atribuciones e intentamos buscar explicaciones a los acontecimientos que nos rodean.

Algunos de los pensamientos que podemos tener ante esta situación son: “yo puedo ser uno de los afectados”,” alguno de mis allegados puede enfermar”, “¿qué pasará con mi situación laboral/económica tras la crisis?”,” ¿cómo afectará el aislamiento a mis hijos/as en los próximos días?”, “¿cuánto durará esta situación?”, “¿Saldremos de esto?”.

Estos, y otros pensamientos, nos invaden a diario y es necesario identificarlos y no dejar que nos paralicen y nos bloqueen ocupando la mayor parte de nuestro día a día.

Nuestros pensamientos han cambiado, su foco de atención ya no son los que eran. Los problemas que teníamos hasta el comienzo de la crisis han dejado de ser importantes ya que hay una amenaza mayor, que hace que las preocupaciones que teníamos hayan perdido valor frente a la situación actual.

Ahora los pensamientos que debemos controlar son aquellos relacionados con la situación que estamos viviendo, ya que son en situaciones de falta de control, como la que estamos viviendo, cuando afloran los pensamientos intrusivos, como una forma de intentar controlar.

¿Cómo gestionar los pensamientos intrusivos?

En estos casos, si notas que pasas la mayor parte del día pensando en la situación que nos acontece, buscas continuamente información sobre el tema y tienes dificultad para concentrarte en cualquier otra tarea, pueden ayudarte las siguientes recomendaciones:

  • Hacer una planificación diaria para evitar espacios de tiempo sin hacer nada, lo que aumentaría la probabilidad de que aparezcan los pensamientos intrusivos. En esta programación es muy importante incluir actividades relacionadas con el trabajo u obligaciones, actividades placenteras y de interacciones con los seres queridos.
  • Evitar la sobreinformación. Si llevas a cabo una planificación de actividades, tanto de obligaciones como de ocio, habrá menos posibilidades de búsqueda de información continua .Además, la información debe obtenerse de fuentes fiables y no leer o escuchar todo lo que nos llega a través de las redes sociales.
  • Escuchar las recomendaciones de los profesionales. Focalizar tu atención en lo que los expertos recomiendan te tranquilizará y te dará sensación de control al saber lo que debes hacer, y como consecuencia los pensamientos negativos disminuirán.
  • Dedicar un tiempo al día para pensar en lo que te preocupa, pero pasado ese tiempo ya dejarás de pensar sobre ello para dedicarte a otro asunto.
  • En ese tiempo, cuestiónate los pensamientos que te invaden para poder llegar a conclusiones basadas en la realidad y no a interpretaciones catastrofistas.
  • No tratar de evitar los pensamientos que te invaden, ya que de esta forma solo conseguirás aumentarlos. Acéptalos como algo inofensivo y empezarán a tomar menor importancia y a disminuir su frecuencia. 
  • Evitar hablar continuamente del tema. De forma inmediata puedes sentir alivio por las posibles respuestas de consuelo pero a la larga, esto no hace más que mantener incluso aumentar estos pensamientos intrusivos.
  • Hacer ejercicio físico a diario, nos ayudará a liberar tensión y a mejorar nuestro estado de ánimo, debido a la liberación de endorfinas.

Si a pesar de seguir estas recomendaciones siguen sin sentir mejoría, solicita ayuda psicológica personalizada.