Las distorsiones cognitivas son errores automáticos en la forma de interpretar lo que ocurre, que nos llevan a sacar conclusiones poco ajustadas a la realidad, por lo general negativas. Todos las tenemos en algún momento. El problema aparece cuando se vuelven habituales y alimentan la ansiedad, la culpa o el desánimo, y por eso aprender a reconocerlas es un buen primer paso.

En pocas palabras

  • Las distorsiones cognitivas son interpretaciones automáticas poco ajustadas a la realidad
  • Reconocer el tipo de distorsión ayuda a tomar distancia del pensamiento
  • Trabajarlas alivia, y a menudo conviene mirar también de dónde vienen

Qué son las distorsiones cognitivas

Son pensamientos automáticos que llegan a la mente de forma involuntaria y que deforman lo que está pasando. Interpretamos una situación de manera sesgada y la convertimos en algo más negativo o amenazante de lo que es. También se conocen como errores cognitivos.

Por eso, ante una misma situación, dos personas pueden reaccionar de forma muy distinta: cada una tiene su propia interpretación. Si un amigo no contesta a un mensaje, una persona piensa que estará ocupado y otra, que ha hecho algo mal y ya no quiere saber nada de ella.

Suelen aparecer de forma automática, sin que nos demos cuenta. No las elegimos ni son señal de poca inteligencia; suelen ser hábitos mentales que se aprendieron en algún momento y que, repetidos, pueden generar mucho malestar.

Tipos de distorsiones cognitivas y ejemplos

Estas son algunas de las más frecuentes. Reconocerte en varias es lo habitual:

Pensamiento dicotómico

Verlo todo en blanco o negro, sin términos medios. Ejemplo: «O lo hago todo bien o no sirvo para nada» o «Si no me sale perfecto, es un fracaso».

Inferencia arbitraria

Sacar conclusiones sin pruebas que las apoyen. Tiene dos formas muy comunes:

  • Adivinación del pensamiento: dar por hecho lo que piensan los demás. «Seguro que piensa que no valgo para nada y que le he fallado».
  • Adivinación del futuro: predecir que algo saldrá mal como si fuera un hecho. «Me van a rechazar, para qué voy a intentarlo».

Magnificación y minimización

Agrandar los errores propios y los éxitos de los demás, y quitar importancia a los propios logros y a los errores ajenos. Ejemplo: «Aprobé porque el examen era fácil, pero aquel fallo demuestra que no sirvo».

Los «debería»

Exigirte a ti y a los demás a base de normas rígidas: «debería», «tendría que», «debo hacerlo mejor», «debo tener una buena razón para decir que no». Suelen generar culpa, ira y resentimiento. Probar a decir «me gustaría» en vez de «debería» cambia bastante el tono.

Personalización

Verte como causa de hechos desagradables de los que no eres responsable. Ejemplo: «Mi hijo no me hace caso, soy una madre pésima».

Visión catastrófica

Adelantar los acontecimientos imaginando lo peor, sin pruebas. Ejemplo: «Si suspendo el examen de conducir será terrible, lo peor que me podría pasar».

Otras distorsiones habituales

  • Filtro mental: fijarte solo en lo negativo e ignorar el resto. Te felicitan por todo y solo recuerdas una crítica.
  • Generalización excesiva: sacar una regla general de un solo hecho. «Siempre me sale todo mal».
  • Etiquetado: definirte por un error. «Soy un inútil», en lugar de «me he equivocado».
  • Razonamiento emocional: tomar lo que sientes como prueba. «Me siento culpable, así que algo habré hecho».

Cómo afectan a la ansiedad y a la depresión

Lo que pensamos influye en lo que sentimos y en lo que hacemos. Estos pensamientos distorsionados pueden generar un estado de ánimo bajo y mantenerte en un estado de alerta constante. Son frecuentes en problemas de ansiedad y en la depresión, aunque también aparecen sin que exista ningún trastorno: a veces es simplemente la forma de pensar que has aprendido.

El problema es que se retroalimentan. Si crees que vas a fracasar, evitas intentarlo; al evitarlo, no compruebas si era cierto, y el pensamiento se refuerza.

Cómo detectar tus distorsiones cognitivas

Un buen indicador es un cambio brusco de ánimo. Cuando notes que te sientes peor de repente, párate y prueba lo siguiente:

  • Pregúntate qué acabas de pensar.
  • Escríbelo tal cual, sin corregirlo.
  • Ponle nombre: ¿catastrofismo, adivinación, «debería»?
  • Busca las pruebas a favor y en contra.
  • Pregúntate qué le dirías a un amigo en tu misma situación.
  • Formula una versión más ajustada, que no tiene por qué ser positiva.

La idea no es pensar en positivo a la fuerza, sino ver la situación de una forma más completa. Si quieres seguir profundizando, tienes más información sobre los pensamientos negativos.

Cómo se trabajan en terapia

Al principio, la terapia cognitivo-conductual sirve para aliviar los síntomas: aprendes a identificar estos pensamientos, a cuestionarlos y a ponerlos a prueba en tu vida diaria. Es un trabajo práctico que puede dar alivio.

Con todo, no siempre basta con cambiar el pensamiento. Por eso también se explora: de dónde viene esa exigencia o esa sensación de no valer, qué aprendiste en tu historia y cómo se repite en tus relaciones. Entenderlo da otro sentido a lo que te dices a ti mismo.

Cuándo pedir ayuda

Consulta si estos pensamientos te generan mucho malestar, si condicionan tus decisiones o si no consigues frenarlos por tu cuenta. Un psicólogo en Málaga puede ayudarte a entender cómo funcionan en tu caso.

Si los pensamientos se vuelven muy oscuros y aparecen ideas de hacerte daño, llama al 024, y al 112 si hay un peligro inmediato.

Preguntas frecuentes

Entre las más frecuentes están el pensamiento dicotómico, la catastrofización, la adivinación del pensamiento, la personalización, la generalización excesiva y los debería. Es habitual tener varias a la vez.

No. Son errores de pensamiento que todos tenemos en algún momento. Pueden formar parte de problemas como la ansiedad o la depresión, pero por sí mismas no son un diagnóstico.

Más que eliminarlas, se aprende a detectarlas y a cuestionarlas para que pesen menos. Anotarlas y buscar pruebas ayuda, y en terapia se puede trabajar también de dónde vienen.

Un pensamiento negativo puede ser realista: a veces las cosas salen mal. La distorsión es la interpretación deformada de lo que ocurre, sin pruebas suficientes o sacada de proporción.

¿Hablamos?

Si lo que has leído te resulta familiar, podemos acompañarte en nuestros centros de Málaga o por videollamada.

Da el primer paso

Cuéntanos qué necesitas y buscamos contigo la mejor forma de empezar.