Relaciones de maltrato: ¿por qué es tan difícil abandonarlas?

Mujeres atrapadas en el laberinto de la violencia de género

La violencia de género comienza a tomar relevancia como problema social a partir del último cuarto del siglo XX. Hasta este momento, la violencia que ocurría dentro de la familia era considerada como un problema privado, que sólo incumbía a los miembros de la familia y en los que los poderes públicos no tenían derecho a intervenir.  A partir de este momento, comienza un proceso de toma de conciencia social y visibilidad debido a la gran cantidad de mujeres que sufren este tipo de violencia en todos los países del mundo.

Esta violencia es definida por la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer (ONU, 1994) como:

“Todo acto de violencia basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la privación arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la vida privada”

Una vez declarada la violencia de género como problema social nos encontramos con dos áreas principales de trabajo. La primera destinada a corregir la violencia de género y a ayudar a las mujeres que ya están siendo maltratadas y una segunda área enfocada a la prevención, a través de una educación en igualdad y en relaciones sanas.

Los estudios muestran que las mujeres tardan una media de 7 años en dejar/denunciar a su pareja. ¿Por qué es tan difícil para las mujeres dejar estas relaciones?

El modelo del laberinto patriarcal

“El modelo del laberinto patriarcal” nos puede ayudar a entender cómo se produce la violencia de género poniendo el foco de atención en “qué ocurre” en la mujer. El artículo tomará como punto de referencia este modelo para ayudarnos a entender las etapas por las que pasa una mujer víctima de maltrato. 

El modelo propone como imagen un laberinto que está formado por tres anillos. Cada uno de estos anillos representa las diferentes etapas que las mujeres van atravesando con el tiempo y que acaban llevándolas a sentirse atrapadas en relaciones de violencia.

Comienzo del laberinto: el primer anillo

Este modelo tiene como punto de partida la estructura social, la cultura, mitos, creencias y roles de género que facilitan que se establezcan relaciones desiguales entre hombres y mujeres. La entrada al laberinto tiene lugar con la asimilación de estas ideas que se encuentran en el tejido social. Se refiere a las creencias y mitos tradicionales sobre el amor, la vida familiar y el tipo de vida adecuado para una mujer. Las mujeres pueden generar altas expectativas sobre el amor e ir cediendo parte de su autonomía por estas creencias. Poco a poco el control de varias áreas de su vida pasa a su pareja que es la que toma las decisiones importantes. Con el choque de expectativas y las diferencias de intereses comienzan las primeras estrategias de control por parte de la pareja (críticas, demandas desproporcionadas, control y celos…).

En esta parte del laberinto las paredes son transparentes, es decir, todavía existe contacto con más personas y el mundo exterior y existe una mayor posibilidad de que la mujer abandone la relación. Las mujeres que pasan a la siguiente parte del laberinto creen que pueden cambiar la relación y a su pareja. La mujer va cediendo ante las estrategias de control para no generar conflicto y va sacrificando aspectos de su vida.

Segundo anillo

En el siguiente anillo del laberinto comienza el aislamiento y la disminución de la independencia. La mujer genera estrategias para evitar la violencia (verbal o física) basadas en la sumisión (me callo, acato, cedo). Las estrategias de control del maltratador se basan ahora en el miedo (amenazas, intimidación), la denigración para crear sensación de inseguridad en su pareja (“eres una inútil”, “no puedes vivir sin mi”), la minimización de la violencia (“no es para tanto”, “estás exagerando”) y el bloqueo de salidas (forzar a detener el contacto con familia y amigos, dependencia económica…). Esta violencia prolongada tiene consecuencias.  La mujer maltratada se cuestiona y culpa a sí misma, se siente insegura, con miedo constante y no ve la manera de escapar porque todo este proceso le ha llevado a sentirse incapaz y dependiente de su pareja. En esta parte del laberinto las paredes se vuelven opacas y parece difícil encontrar la salida.

Tercer anillo del laberinto

En el tercer anillo del laberinto el miedo ya está instaurado y la violencia forma parte del día a día. Las estrategias que genera la mujer son de supervivencia y se basan en salvarse y/o intentar salvar a los hijos. La prioridad de cada día consiste en evitar todo lo posible las explosiones de violencia. La violencia tanto física como psicológica generan miedo y un estrés constante y reducen las posibilidades de afrontamiento. El efecto es que la mujer desarrolla una falta de confianza en sí misma y una sensación de incapacidad que dificulta la búsqueda de ayuda y la salida del laberinto.

La relación se mantiene siguiendo ciclos de “amor”-hostigamiento-reconciliación. Al principio, estos periodos de “amor” lleva a muchas mujeres a justificar la relación y a seguir creyendo que es posible que su pareja cambie, pero con el paso del tiempo, van quedando cada vez más atrapadas.

Entonces, ¿Cuál es la forma de salir del laberinto de la violencia de género?

Primero, tener claro qué comportamientos son violentos. La violencia física es fácil de identificar, pero la violencia psicológica puede pasar desapercibida. Normalmente, estas relaciones comienzan con violencia psicológica a la que, más adelante, se les pueden sumar las agresiones físicas. La violencia psicológica se refiere a todas las estrategias de control mencionadas anteriormente. El segundo paso sería salir del aislamiento: contactar con familiares y amigos, contar lo que ocurre. El tercer paso sería buscar y pedir ayuda a profesionales que trabajen en el tema y puedan ofrecer recursos de ayuda: psicólogos, abogados, policías, asociaciones, etc.

Si estás en esta situación o conoces a alguien que la esté sufriendo busca ayuda. Todos juntos debemos contribuir a erradicar los comportamientos violentos. Por nuestra parte, el equipo de profesionales de psicólogos en Málaga de PsicoAbreu está disponible para ayudarte en lo que necesites.

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