El Trastorno de Pica. ¿En qué consiste y cómo se diagnostica?

¿En qué consiste la pica y cómo se diagnostica?

La pica es un trastorno de la alimentación que consiste en la ingestión persistente de sustancias no nutritivas y no alimentarias, es decir, no comestibles, durante un período de tiempo mínimo en el cual su consumo es lo suficientemente grave como para justificar la atención clínica. Las sustancias que se suelen ingerir, masticar, chupar o lamer tienden a variar en función de la edad y de la disponibilidad. Entre ellas pueden encontrarse: papel, jabón, ropa, pelo, cuerdas, lana, tierra, tiza, polvos de talco, pintura, metales, carbón vegetal o mineral, cenizas, barro, almidón o hielo.

El Trastorno de Pica

El trastorno de pica aparece en la última edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, DSM-5, combinado con los trastornos de anorexia nerviosa, bulimia nerviosa y otros como el trastorno por atracón para formar una categoría unitaria denominada Trastornos de la conducta alimentaria y de la ingesta de alimentos. 

La ingestión de piedras (litofagia), arcilla u otras materias térreas (geofagia), el almidón crudo (amilofagia) y el hielo (pagofagia) constituyen las formas más comunes de pica. Por otro lado, en los niños predominan las distintas formas de geofagia, aunque también pueden encontrarse zoofagias, como la ingesta de lombrices o caracoles.

Para poder diagnosticar este trastorno, es necesario que la ingestión de sustancias no nutritivas y no alimentarias sea inapropiada para el grado de desarrollo de la persona. Es por ello, por lo que se recomienda una edad mínima de 2 años para el diagnóstico de la pica. De esta manera se puede excluir el hábito de llevarse objetos a la boca, propio del desarrollo normal de los niños durante la infancia. Además, esta ingestión no debe ser aceptada socialmente. Es decir, en algunas poblaciones del mundo comer sustancias no nutritivas es una creencia con valor espiritual, medicinal o social. Así, puede ser una práctica culturalmente aceptada o socialmente normal. Este tipo de comportamientos no justificaría su diagnóstico.

El hábito de pica se practica con conciencia de culpa al tratarse de una conducta aberrante. Una conducta que humilla a las víctimas y avergüenza a quienes les rodean. En consecuencia, aunque este comportamiento esté ocasionando en la persona angustia y autorreproche, será ocultada por quien la padece.

¿Quién puede padecerla?

La pica puede producirse tanto en hombres como en mujeres, pudiendo iniciarse en la infancia, en la adolescencia o en la edad adulta. Los eventos traumáticos están asociados con este trastorno. La separación parental, la ruptura de la familia, la ausencia de interacción padres-hijo, el abuso de niños o la negligencia parental, pueden dar lugar a su ocurrencia. Por otro lado, la pica puede presentarse en niños como signo clínico en casos de TDAH, autismo o en pacientes con síndromes metabólicos. Es decir, podría estar motivada por la necesidad de algunos nutrientes esenciales deficitarios, como el hierro o el zinc.

No obstante, en mujeres embarazadas la pica tiende a ser una cuestión aceptada. Por tanto, sería apropiado diagnosticar este trastorno durante el embarazo si su consumo supone riesgos clínicos potenciales para la madre y/o su bebé. Aunque entre las gestantes es frecuente el consumo de tiza, la forma más característica es la pagofagia, es decir, la ingestión voluntaria de cubitos de hielo, o de vasos de hielo o escarcha.

Consecuencias para la salud

La pica puede ser causa de carencias nutricionales específicas. Por ejemplo en los casos que implican geofagia, estas materias térreas interfieren con la absorción intestinal de calcio, potasio o de oligoelementos.

Trastorno de Pica

Además, es necesario evaluar en la persona con pica la posibilidad de que haya complicaciones gastrointestinales, envenenamiento o infección. Para ello, el empleo de radiografías, ecografías, y otras técnicas de imagen abdominales son indispensables para revelar obstrucciones relacionadas con esta práctica. También pueden realizarse análisis de sangre y otras pruebas de laboratorio para establecer el grado de envenenamiento o la naturaleza de la infección. Son frecuentes las infecciones como la toxoplasmosis y la toxocariasis en caso de ingerir heces o suciedad, la toxicidad por el plomo o anomalías de tipo dental como la abrasión dental y la pérdida superficial de los dientes. También pueden producirse obstrucciones y perforaciones, al consumir por ejemplo pegamentos o materiales plásticos o metálicos.

Otros riesgos médicos son los bezoares, es decir, masas de materia extraña no digerida que se sitúan en algún punto del tracto gastrointestinal pudiendo causar hemorragias, perforaciones, etc., o el síndrome de Rapunzel, donde el pelo enmarañado se extiende desde el estómago hasta el colon.

Posibles tratamientos

Para obtener un buen diagnóstico de pica debe concienciarse a la población de las prácticas adecuadas de alimentación, de cara a que las distintas formas que utilicen para perder peso sean correctas y saludables, siendo la psicoeducación una herramienta fundamental para este trastorno. Las personas que ingieren  sustancias no alimentarias para mantener la figura han contribuido a descartar un buen diagnóstico de este trastorno.

Cada caso debe abordarse de manera individualizada, centrándose en la patología de fondo y en el tratamiento de las complicaciones. El abordaje principalmente se basa en psicoeducación y modificación de conducta, por lo que las terapias conductuales que se han diseñado hasta ahora han sido: prevención de respuesta, técnicas de exposición, manipulación ambiental, vigilancia, corrección o técnicas aversivas. Los resultados en pacientes con tratamiento cognitivo-conductual han resultado favorables. En PsicoAbreu contamos con profesionales especialistas en Trastornos de alimentación.

En relación al tratamiento farmacológico, mientras que algunas investigaciones sugieren que los fármacos que mejoran la actividad dopaminérgica pueden ser beneficiosos, existen estudios de caso que informan de una mejora mediante el empleo de inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS). Esto se debería al efecto indirecto de la serotonina sobre las conductas compulsivas y la regulación del apetito.

Por último, en el caso de consumir sustancias poco comunes como hojas de afeitar, cenizas de cigarrillo, palillos de madera o vidrios, un 75% de personas necesitan cirugía.

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