“Disculpe doctor, pero yo soy antipastillas”, esta es, sin duda, una de las frases que más oímos los psiquiatras en consulta. Pero existen otras también muy frecuentes como:
-“Es que yo no me tomo ni un paracetamol cuando me duele la cabeza. Aguanto el dolor hasta que se me pasa”.
-“Prefiero no tomar nada ya que soy antiquímicos. Si lo tengo que tomar algo prefiero los remedios naturales”.
-“No quiero ir drogado todo el día, ni quedarme hecho un vegetal”.

Al oír estas afirmaciones, los psiquiatras pensamos automáticamente, ¿qué me está queriendo decir en realidad esta persona?

Que tiene miedo. Sí, miedo.

Tanto es así, que incluso es posible clasificarlo en dos grupos:

a) Miedo a la enfermedad. Es decir: miedo a no tener salud; a reconocerse a uno mismo como enfermo; a sentirse vulnerable; a necesitar o depender de la ayuda de los demás; a que los otros sean conscientes de que padecemos una enfermedad y nos rechacen por miedo a contagiarse o por ecreernos impulsivos o violentos por “locos”, o por tomar medicamentos para la cabeza.

b) Miedo a los efectos del fármaco. Puesto que actúan sobre la “mente”, algunos de los temores más frecuentes son: el dejar de ser sentirse uno mismo; que nos cambie la personalidad; volverse dependiente del fármaco durante toda la vida; temor a empeorar si deja de tomar el fármaco; quedarse “drogado” o adormilado todo el día; o sufrir efectos secundarios graves.

Aún así, la persona puede responder ante la indicación del psiquiatra de prescribir un fármaco: “doctor, existiendo remedios naturales que no hacen daño, ¿por qué recetarme pastillas?”.

He aquí otra de las creencias más generalizadas entre la población, sobre todo entre las personas más jóvenes.

Las plantas, como todos los seres vivos, producen compuestos químicos de forma natural. Algunos de éstos tienen efecto beneficioso en la salud de las personas (por ejemplo, la valeriana) y otros, por el contrario, perjudicial (como la cicuta). Por tanto, hablar de natural no es sinónimo de inofensivo, si no de que algo procede de la naturaleza.

Hoy en día, algunos médicos empleamos remedios procedentes de plantas para tratar los problemas de salud. A la hora de prescribir, no diferenciamos si proviene de un laboratorio o de una planta, si no el efecto beneficioso que produce, los efectos secundarios (sí, los fármacos procedentes de plantas también producen efectos indeseables y reacciones adversas en las personas que los toman) y las interacciones entre ellos.

Por desgracia, la naturaleza no ofrece remedios para todas las enfermedades. Es por ello que, el ingenio humano y la investigación científica, han creado otras moléculas en los laboratorios (en multitud de ocasiones inspirándose en compuestos químicos naturales) para poder tratar las enfermedades que padecemos.

Sin embargo, otras personas le dirán a su psiquiatra “verá doctor, yo es que prefiero hablar a tomar pastillas”.

Es decir, prefieren la psicoterapia a los psicofármacos. Ante estas situaciones, a mí me gusta compararlo con el médico especialista en traumatología y el fisioterapeuta.

Cuando uno tiene un esguince leve o moderado, la rehabilitación con el fisioterapeuta puede ser suficiente, no hay necesidad de acudir a un traumatólogo. En cambio, si tenemos una fractura de un hueso, es evidente que no podremos hacer rehabilitación, hasta que el traumatólogo no nos haya colocado una escayola o nos haya operado el hueso para repararlo.

El caso de la psiquiatría y la psicología es similar. Cuando se trata de una depresión leve, la psicoterapia realizada por psicólogos puede ser suficiente. Pero, en el caso de una enfermedad severa, como lo es una depresión grave, es necesario que el psiquiatra medique a la persona para que mejore su estado de ánimo. Una vez lograda la mejoría, puede realizarse una psicoterapia, al igual que el fisioterapeuta realiza la rehabilitación una vez curada la fractura.

Así, al igual que la fisioterapia y la traumatología son complementarias, también lo son la psiquiatría y la psicología. Cada disciplina tiene sus propias teorías, herramientas, y aplicaciones prácticas para conseguir diferentes objetivos, por ello, no podemos considerarlas sustitutivas.

Por tanto, podemos concluir que:

La psiquiatría al igual que la psicología, se basa en la relación de confianza y autenticidad entre dos personas, paciente y psiquiatra.

Cada caso es único, por tanto corresponde al psiquiatra y al paciente trabajar juntos para realizar una reconstrucción de lo sucedido desde que aparecieron los primeros síntomas, cómo fueron evolucionando en el tiempo, etc. Seguidamente, vendrá el momento de sopesar los diferentes tratamientos existentes con el fin de lograr los mejores resultados según la situación de cada persona.

Por ello, si tienes alguna duda, ¡consúltanosla! Recuerda que los psiquiatras estamos a tu lado para ayudarte a superar tus dificultades y que consigas sentirte bien contigo mismo/a y con los demás.

Al final la frase que más oímos de nuestros pacientes y que dan sentido al día a día de nuestro trabajo es: “¡muchas gracias doctor!

Y ante esto, también nos gustaría preguntar si necesitas ayuda, pues ofrecemos un servicio de psicólogo online para aquellas personas que quieran realizar una terapia virtual sin moverse de casa.